Agradecida por cada dia



     Esta mañana al despertar, mientras estaba en la cama pensé en el día que me esperaba. Me sentí  agradecida por poder disfrutar un día más. Sabía que de mí dependía el tipo de día que tendría. Ahora valoro de una manera diferente mi vida.

   Al despertar me maravilla la belleza de cada día. El regalo de pasar por una enfermedad  me he visto forzada a bajar la velocidad y sencillamente, ser yo misma. Ahora soy más consciente de lo sagrado en mi diario vivir y me doy tiempo para escuchar, observar y sentir más profundamente, de disfrutar de la naturaleza, apreciando más profundamente. Mis sentidos se han agudizado. Me aseguro de mirar directamente a los ojos de una persona, de brindarle toda mi atención a lo que dice y de sentir la alegría de tocarnos mutuamente el corazón y el alma. Trato de disfrutar más a menudo de los rayos del sol sobre mi rostro, la brisa que sopla levemente y la belleza de una puesta de sol. Siento despertar a una versión nueva y más clara de la realidad, que afecta la manera en que vivo mi vida.

  

¿Conversar frente a Frente, Qué es eso ?



Acabo de leer en internet que a la entrada de algunos restaurantes europeos les decomisan a los clientes sus teléfonos celulares. Según la nota, se trata de una corriente de personas que busca recobrar el placer de comer, beber y conversar sin que los ring tones interrumpan, ni los
comensales den vueltas como gatos entre las mesas mientras hablan a gritos. La noticia me produjo envidia de la buena. Personalmente , ya no recuerdo lo que es sostener una conversación de corrido, larga y profunda, bebiendo café o chocolate, sin que mi interlocutor me deje con la palabra en la boca, porque suena su celular.

En ocasiones es peor. Hace poco estaba en una reunión de trabajo que simplemente se disolvió porque tres de las cinco personas que estábamos en la mesa empezaron a atender ç sus llamadas urgentes por celular. Era un caos indescriptible de conversaciones al mismo tiempo. 

Gracias al celular, la conversación se está convirtiendo en un esbozo telegráfico que no llega a ningún lado. El teléfono se ha convertido en un verdadero intruso. Cada vez es peor. Antes, la gente solía buscar un rincón para hablar. Ahora se ha perdido el pudor. Todo el mundo grita por su móvil, desde el lugar mismo en que se encuentra.
No niego las virtudes de la comunicación por celular. La velocidad, el don de la ubicuidad que 
 produce y por supuesto, la integración que ha propiciado para muchos sectores antes al margen de la telefonía. Pero me preocupa que mientras más nos comunicamos en la distancia, menos nos hablamos cuando estamos cerca.
Me impresiona la dependencia que tenemos del teléfono. Preferimos perder la cédula profesional que el móvil, pues con frecuencia, la tarjeta sim funciona más que nuestra propia memoria. El celular más que un instrumento, parece una extensión del cuerpo, y casi nadie puede resistir la sensación de abandono y soledad cuando pasan las horas y este no suena.
Por eso quizá algunos nunca lo apagan. ¡Ni en cine! He visto a más de uno contestar en voz baja para decir: "Estoy en cine, ahora te llamo".
Es algo que por más que intento, no puedo entender. También puedo percibir la sensación de desamparo que se produce en muchas personas cuando las azafatas dicen en el avión que está a punto de despegar que es hora de apagar los celulares. También he sido testigo de la inquietud que se desata cuando suena uno de los timbres más populares y todos en acto
reflejo nos llevamos la mano al bolsillo o la cartera, buscando el propio aparato.
Pero de todos, los Blackberry merecen capítulo aparte. Enajenados y autistas. Así he visto a muchos de mis colegas, absortos en el chat de este nuevo invento. La escena suele repetirse.
El Blackberry en el escritorio. Un pitido que anuncia la llegada de un mensaje, y el personaje que tengo en frente se lanza sobre el teléfono. Casi nunca pueden abstenerse de contestar de inmediato. Lo veo teclear un rato, masajear la bolita, y sonreír; luego mirarme y decir: "¿En qué íbamos?". Pero ya la conversación se ha ido al traste. No conozco a nadie
que tenga Blackberry y no sea adicto a éste.
Alguien me decía que antes, en las mañanas al levantarse, su primer instinto era tomarse un buen café. Ahora su primer acto cotidiano es tomar su aparato y responder al instante todos sus mensajes. Es la tiranía de lo instantáneo, de lo simultáneo, de lo disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual que terminará acabando
con el  delicioso placer de conversar con el otro, frente a frente.
*** Anónimo ***

Leyenda Indígena Del Amor Eterno.




Un día el hijo de un bravo guerrero se enamoró de una joven muy bella y ambos decidieron casarse tras lograr el permiso de sus padres.

Como se amaban tanto y sabiendo de los peligros de la convivencia, decidieron visitar al sabio de la tribu para que les diera la bendicion que hiciese su amor y su alianza realmente eternas.

El sabio le dijo al guerrero:

Ve a las Montañas del Norte y sube a la más alta que encuentres y cuando estés en su cima busca el halcón más vigoroso, el más fuerte y más valiente de todos. Debes cazarlo y traerlo vivo aquí.

Luego dirigiéndose a la hermosa muchacha le dijo:

Tú ve a las Montañas del Sur y busca en la cordillera el águila más cazadora, la que vuele más alto y de mirada más profunda. Tú solita debes cazarla y traerla viva aquí.

Tras varios días de andar por las montañas, el guerrero y la muchacha consiguieron sus objetivos y volvieron muy satisfechos con las hermosas aves junto al sabio.

-¿Qué debemos hacer con ellas? –le preguntaron

- Son hermosas y fuertes estas aves, ¿Verdad? –les preguntó el sabio.

- Sí, respondieron ellos. Son las mejores que hay y nos costó mucho capturarlas.

- ¿Las visteis volar muy alto y muy veloces? –les preguntó el sabio de nuevo.

- Sí . Volaban más alto y más rápido que ninguna –respondieron los dos.

- Muy bien. Ahora quiero que las atéis la una a la otra por las patas.

Los dos jóvenes así lo hicieron y siguiendo las instrucciones del sabio después las soltaron. Las pobres aves intentaron echar a volar pero como estaban atadas la una a la otra se estorbaban y no pudieron hacerlo. Lo único que conseguían eran tropezarse la una con la otra y haciéndose daño se revolcaban por el suelo.

- ¿Veis lo que les sucede a estas aves? –les dijo sabio- Atadas la una a la otra ninguna es capaz de volar mientras que solas lo hacían muy alto. Este es la bendicion que os doy para que vuestro amor sea eterno:

“Que vuestra alianza no sea atadura para ninguno sino fuerza y aliento para crecer y mejorar como personas”

“Que vuestro amor no os cree dependencias sino que manifieste el cariño y la solidaridad de quienes comparten el mismo pan”

“Respetaros como personas y dejar que cada uno pueda volar libremente para ir aprendiendo a volar juntos por el ancho cielo”.

“Si actuáis así vuestro amor podrá ser realmente eterno porque nunca será una limitación sino un estímulo para que cada uno pueda crecer”.

Los Sabios De Los Árboles



No sin razón los druidas fueron llamados sabios de los árboles. La mentalidad de ellos era muy distinta a la que tenemos en la cultura moderna. Para un druida todas las cosas están interrelacionadas y dependen unas de otras. Uno no puede hacer algo sin que ello tenga repercusión en el todo. La naturaleza es un ser vivo en sí misma, y cada planta, cada animal es parte de ella y debe ser cuidada y respetada. La sociedad moderna usa todo para su beneficio, de manera indiscriminada, causando gran desequilibrio y caos; en la conciencia druídica eso es inconcebible, puesto que lo que importa es la unidad, no el interés individual. No se consideraba la tierra como propiedad del hombre ni a lo seres que la habitaban como inferiores, sino como seres que comparten la vida con uno, que tienen su sitio justo en el mundo y valen por sí mismos, no como un recurso más.

Para los celtas era un crimen dañar un árbol o a un animal. Cuando era necesario por ejemplo usar la madera de un árbol, no se cortaba así sin más sino que implicaba previamente todo un ritual que llevaba a ponerse en comunicación con el espíritu del bosque y del árbol, pedir su permiso para usarla para una causa justa y prometer así mismo retribuir lo tomado de alguna forma.

Un druida era un guardián del bosque en todo momento y su alma estaba en comunicación con todos los seres que lo habitaban. Nosotros, en cambio que nos jactamos tontamente de tener el poderío sobre la naturaleza nos encontramos ahora en un callejón sin salida. Los druidas fueron más sabios, y deberíamos aprender de ellos. El reto es claro: o recuperamos pronto la armonía con la naturaleza o perecemos.

La pluma



Los que seguimos el camino de la Espiritualidad Natural hemos aprendido que a través de ceremonias sencillas, conectadas con la naturaleza, es posible lograrlo. No se trata de magia, es que estas sencillas prácticas poseen la sabiduría milenaria de aquellos que se tomaron el tiempo de observar la vida desde el corazón humilde que a todo asigna un lugar sagrado, y en ello reside su poder.

Una de aquellas ceremonias es la de la pluma, que habitualmente transmito a mis amigos y alumnos cuando tienen que resolver un problema o encontrar una respuesta.

El primer paso consiste en “sacar a caminar” el tema en cuestión. Es una caminata que no se dirige a ninguna parte, solo a caminar. Mientras lo hacemos, llevamos el tema en mente, sin intención de resolución (ya que no esperamos que por esta vía llegue la respuesta), sino de liberación. La mente tiene muchas ganas de darle vuelta al asunto. Vamos a permitírselo…por un rato.

Mientras caminamos, entonces, permitimos que la mente divague entre las distintas alternativas de respuesta posibles. Cuantas mas alternativas plantee la mente, mejor, mientras no nos detengamos en ninguna, mientras no demos a ninguna de las alternativas mas importancia que a las demás.

La caminata debe ser a paso firme, pisando ritmicamente, acompasando respiración y caminata. Si lo hacen en un lugar natural, mejor; pero si esto no es posible, una plaza o una calle tranquila, arbolada, constituyen entornos aceptables para la práctica. Lo importante es que no haya obstáculos ni se vean obligados a cambiar de rumbo muy seguido.

Cuando se encuentren algo cansados de caminar, busquen un lugar apartado donde sentarse. Tomen en sus manos una pluma, o cualquier objeto simple de la naturaleza, una hoja, una pequeña rama, un trozo de corteza.

Pongan toda su atención en ella. Observen todos sus detalles. Hagan de cuenta que la pluma (o el objeto elegido) es todo lo que existe en este momento sobre el planeta. Sientan su textura entre los dedos. Respiren su energía. Concentren su mente en la belleza de ese tesoro de la Tierra. Tómense todo el tiempo que necesiten para alcanzar este estado de atención total, de concentración pico. Es lo que los antiguos llamaron “estado de ceremonia”. Comenzarán a sentir que están conectados con la pluma de una manera inseparable. La percepción del entorno comenzará a desvanecerse, como si no existiera el tiempo ni el espacio.

En el momento climax de esta absorción de la atención, suelten el problema hacia el Universo. Entréguenlo al Poder Superior que todo lo rige, al Gran Misterio, y escuchen en silencio la respuesta.

Esta no llegará en forma de pensamiento lineal, argumentaciones o diálogo, sino como sensaciones o emociones, como revelación interna. La certeza de lo recibido será tan grande que los sorprenderá. Llegaran con sencillez y agudeza a descubrir el proposito detrás de la situación que los perturbaba, y podrán transitar con alegría, de la perturbación a la conciencia.