La pluma



Los que seguimos el camino de la Espiritualidad Natural hemos aprendido que a través de ceremonias sencillas, conectadas con la naturaleza, es posible lograrlo. No se trata de magia, es que estas sencillas prácticas poseen la sabiduría milenaria de aquellos que se tomaron el tiempo de observar la vida desde el corazón humilde que a todo asigna un lugar sagrado, y en ello reside su poder.

Una de aquellas ceremonias es la de la pluma, que habitualmente transmito a mis amigos y alumnos cuando tienen que resolver un problema o encontrar una respuesta.

El primer paso consiste en “sacar a caminar” el tema en cuestión. Es una caminata que no se dirige a ninguna parte, solo a caminar. Mientras lo hacemos, llevamos el tema en mente, sin intención de resolución (ya que no esperamos que por esta vía llegue la respuesta), sino de liberación. La mente tiene muchas ganas de darle vuelta al asunto. Vamos a permitírselo…por un rato.

Mientras caminamos, entonces, permitimos que la mente divague entre las distintas alternativas de respuesta posibles. Cuantas mas alternativas plantee la mente, mejor, mientras no nos detengamos en ninguna, mientras no demos a ninguna de las alternativas mas importancia que a las demás.

La caminata debe ser a paso firme, pisando ritmicamente, acompasando respiración y caminata. Si lo hacen en un lugar natural, mejor; pero si esto no es posible, una plaza o una calle tranquila, arbolada, constituyen entornos aceptables para la práctica. Lo importante es que no haya obstáculos ni se vean obligados a cambiar de rumbo muy seguido.

Cuando se encuentren algo cansados de caminar, busquen un lugar apartado donde sentarse. Tomen en sus manos una pluma, o cualquier objeto simple de la naturaleza, una hoja, una pequeña rama, un trozo de corteza.

Pongan toda su atención en ella. Observen todos sus detalles. Hagan de cuenta que la pluma (o el objeto elegido) es todo lo que existe en este momento sobre el planeta. Sientan su textura entre los dedos. Respiren su energía. Concentren su mente en la belleza de ese tesoro de la Tierra. Tómense todo el tiempo que necesiten para alcanzar este estado de atención total, de concentración pico. Es lo que los antiguos llamaron “estado de ceremonia”. Comenzarán a sentir que están conectados con la pluma de una manera inseparable. La percepción del entorno comenzará a desvanecerse, como si no existiera el tiempo ni el espacio.

En el momento climax de esta absorción de la atención, suelten el problema hacia el Universo. Entréguenlo al Poder Superior que todo lo rige, al Gran Misterio, y escuchen en silencio la respuesta.

Esta no llegará en forma de pensamiento lineal, argumentaciones o diálogo, sino como sensaciones o emociones, como revelación interna. La certeza de lo recibido será tan grande que los sorprenderá. Llegaran con sencillez y agudeza a descubrir el proposito detrás de la situación que los perturbaba, y podrán transitar con alegría, de la perturbación a la conciencia.

1 comentario:

Flavia Carrión dijo...

Muchas gracias por difundir la nota de nuestro blog. Aqui encontraran otros articulos similares para leer y compartir: http://www.flaviacarrion.com.ar/espiritualidadnatural/